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Vértigo. Rebobino el dolor como una verdad a la que atarse, como un látigo tiene de cierto una herida, como los ojos del mundo no me permiten cerrarlos cuando las estrellas se convierten en polvo.
Resulto en bastantes momentos un campo estéril, estoy pálida de tanto pensar en todo; hoy me siento por momentos un montón de piedras al borde de un desfiladero.
Te sonrío cuando apareces en el dintel de la puerta, tu imagen, una bruma; tu voz suave se diluye, me calma y enfría como un hielo en la frente, suenan notas en un piano.
Hoy quisiera estar lejos de todo, quedarme llorando la tumba de mi hermano, hasta que nada tenga ya sentido salvo regar mis raíces.
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