El cuento de la criada (Libro)

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El cuento de la criada (Libro)
Autor: Margaret Atwood
Otros títulos:
Datos de primera publicación(1):
Título original: The Handmaid's Tale
Revista o libro: The Handmaid's Tale
Editorial: McClelland & Stewart
Fecha Fecha desconocida de 1985
Publicación en español:
Publicaciones(2): El cuento de la criada
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos: Premio Arthur C. Clarke
Governor General
Otros datos: Adaptada al cine en 1990
Adaptada a la televisión en 2017
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Margaret Atwood (1985)

El cuento de la criada es la novela más conocida de su autora, Margaret Atwood, una distopía en la que en Estados Unidos se ha instaurado un régimen totalitario teocrático en el que las mujeres no tienen derechos.

La sinopsis:

En la República de Gilead la sociedad está fuertemente estamentada, con una pequeña élite dirigente que posee todos los privilegios y en cuyo otro extremo se encuentran las mujeres, que no poseen derechos y que, además, han sido segregadas en castas según su utilidad: las esposas de los dirigentes, que visten de azul, las "martas", que visten de verde y realizan las labores de la casa, y las criadas, vestidas de rojo y cuyo único objetivo es engendrar hijos para aquellos dirigentes con esposas infértiles.

Defred (Offred en el original) es una de estas criadas. Antes del alzamiento de la República tenía otro nombre, un esposo, un trabajo, una hija, pero todo eso le ha sido arrebatado. Tras ser sometida junto a otras mujeres fértiles a un internamiento para su adoctrinamiento, ahora sirve en la casa de un Comandante a quien pertenece y a quien debe someterse para proporcionarle la descendencia que no ha tenido con su esposa. Un hijo que en ningún momento podrá considerar suyo, en lo que es la versión bíblica de un vientre de alquiler. Si Defred infringe alguna de la rígidas normas puritanas que rigen esta sociedad, será severamente castigada; si se rebela, o no consigue dar un hijo al Comandante, será ejecutada o enviada a las colonias, vertederos tóxicos a los que se envían a las mujeres demasiado viejas para servir y a los represaliados políticos.

La novela:

La novela está narrada desde el punto de vista de Defred, como si fueran unas memorias íntimas. Con una prosa sencilla, de frases cortas, diálogos en estilo indirecto y una ausencia casi total de adornos, se nos intenta transmitir el propio pensamiento de la protagonista, contenido, casi se podría decir que autocensurado. Y es que la República de Gilead es un estado policial, donde los Ojos pueden estar en cualquier parte, ser cualquiera.

Sin embargo, Defred, aunque externamente pueda parecerlo, aún no está doblegada, aún piensa en pequeñas rebeliones, minúsculas, casi invisibles, pero que le permiten preservar cierta individualidad. Aún atesora recuerdos de su hija, de su marido, de lo que, increíblemente, eran momentos sencillos y felices que en el pasado no reconoció como tales y que ahora le son imposibles.

Distopía religiosa:

La situación descrita resulta opresiva, y el lector, la mayoría del tiempo, tiene pocas esperanzas de que la historia de Defred pueda tener un final feliz. En ciertos aspectos, recuerda a la gran novela distópica que es 1984 (George Orwell, 1949). En ambas sociedades el individuo es oficialmente sacrificado en beneficio de un supuesto bien común, se ejerce un control total sobre el comportamiento mediante estrictas regulaciones, existe una continua sensación de inseguridad ante la conciencia de que los delatores son omnipresentes, existe adoctrinamiento y lavado de cerebro para doblegar a los moderadamente rebeldes, la guerra se ha convertido en el argumentario principal del que gobierna y la lucha contra ese enemigo justifica las medidas excepcionales que, invariablemente, se convierten en definitivas...

Una de las particularidades de este relato consiste en mostrar cómo los poderosos pueden utilizar la religión como vehículo para sus fines, y cuán profundamente injusta puede ser una sociedad regida por la religión.

Sin embargo, aunque las bases de la sociedad propuesta están sacadas de la interpretación ventajosa que hacen de la Biblia un reducido grupo de poderosos, Atwood no describe a ningún verdadero creyente, o no hace explícito su fervor, dejándolo inexplorado. La aplicación de la doctrina parece realizarse de manera cínica y, en realidad, el sometimiento de la población funciona gracias a otros mecanismos opresores mucho más evidentes, como la coacción, el estado de terror, la ruptura de la confianza entre individuos, el lavado de cerebro o el uso de la violencia de manera pública.

Podemos concluir que la sociedad aberrante descrita por Atwood no necesita de la religión para funcionar, pero la religión parece favorecer su implantación.

Futuro cercano, ominoso presente:

El auge del integrismo religioso pone de relieve la importancia de lo sugerido por Atwood y nos hace temer que lo que aquí parece una fábula pudiera algún día convertirse en realidad. El auge del catolicismo en África y en Sudamérica, los preocupantes movimientos cristianos que en Estados Unidos reclaman respeto para una interpretación literal de la Biblia, y el auge de un Islám belicista en Oriente Medio, son una llamada de atención a los peligros de romper la división entre religión y Estado.

Imaginar un Estados Unidos asolado por este advenimiento del integrismo cristiano puede parecernos improbable, pero invita a considerar las complicadas reacciones de política internacional que se sucederían. ¿Sería una hipotética República de Gilead llamada a respetar los Derecho Humanos? ¿Intervendría al ONU para librar de la tortura y la esclavitud a toda esa población mayoritaria de mujeres, homosexuales y minorías religiosas?

Lo cierto es que la república de Gilead existe, en países como Arabia Saudí, y los civilizados gobiernos occidentales mantienen fluidas relaciones diplomáticas y comerciales con sus homólogos de estas teocracias represoras.

Una novela feminista:

Un aspecto quizás aún más relevante en la novela que el uso de la religión como medio para someter a la sociedad resulta el análisis que se hace de cómo, al desproveer de derechos a toda la población femenina, los beneficiados no resultan los hombres, esa otra mitad de la población. Contrario a lo que dice la intuición, resulta que es toda la sociedad la que pierde derechos. Al convertir a las mujeres en un recurso que se puede poseer, este recurso resulta acaparado por los ricos y poderosos y, así, los pobres, aunque sean hombres, resultan aún más empobrecidos. Un hombre de bajo estatus, en una sociedad así, es, de facto, prácticamente un esclavo él mismo, y en numerosas ocasiones tendrá una vida más dura y cruel que algunas de las mujeres (como las esposas, en este caso).

En este sentido, El cuento de la criada es una buena novela feminista, pues ayuda a entender que la igualdad entre hombres y mujeres es un requisito indispensable para conseguir la igualdad entre hombres. Cualquier sistema político o moral que justifica la discriminación de un subgrupo de la población está justificando, en realidad, los privilegios de unos pocos. Una sociedad así no podrá ser nunca enteramente libre.

Premios:

Obtenidos:

Finalista: