La invención de Morel

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La invención de Morel
Autor: Adolfo Bioy Casares
Otros títulos: '
Datos de primera publicación(1):
Título original: La invención de Morel
Revista o libro: La invención de Morel
Editorial: Losada (Argentina)
Fecha Fecha desconocida de 1940
Publicación en español:
Publicaciones(2): La invención de Morel
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos: Ciudad de Buenos Aires
Otros datos: No hay otros datos
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Adolfo Bioy Casares (1940)

La invención de Morel es una novela del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, amigo de Borges; la mayoría de las ediciones de la obra suelen ir precedidas por la elogiosa introducción que el propio Borges hizo a la misma.

La trama:

Un fugitivo de la ley (probablemente, un escritor venezolano) refugiado en una isla desierta (la isla ficticia de Villings, en el archipiélago de las islas Ellice), observa consternado cómo un grupo de turistas aparecen y ocupan las instalaciones abandonadas que eran su refugio.

El fugitivo, que cuenta sus vivencias a través de un diario, se oculta en la parte baja de la isla y espía a los recién llegados, que se comportan de manera un tanto snob. Obsesionado con su condición de fuera de la ley y temeroso de ser descubierto, asiste a comportamientos extraños e incluso a algunos actos de apariencia sobrenatural a los que trata de buscar una explicación racional y que incluso le hacen dudar de su propia cordura.

La novela:

Borges, en la introducción a la obra, opina sin dudar que la trama es una construcción perfecta, atendiendo a los condicionantes de la novela negra. Es decir, hay un misterio (la aparición de los turistas, su comportamiento, los sucesos extraños que parecen relacionados), un investigador (el fugitivo) y una explicación racional final que cumple con el requisito de no recurrir a elementos sobrenaturales. En este sentido, la novela de Casares cumple con todas exigencias de una obra de ciencia ficción. El nóvum (la invención de Morel que da título a la novela) es un adelanto racional que impulsa la trama, todo se desarrolla conforme a estas premisas aunque el lector no pueda percibir esta coherencia (al menos, en los primeros pasos de la obra).

Más aún, el buen hacer del escritor añade numerosos detalles que son pistas para el lector, y que a un tiempo sirven para acrecentar la sensación de irrealidad y dar textura al escenario.

En cuanto a los personajes, el comportamiento del protagonista principal tiene una coartada plausible basada en la psicosis persecutoria (su condición de fugitivo); y el resto resultan quedar acertadamente definidos (en lo que atañe a la trama al menos) a través de breves conversaciones espiadas. Aunque sólo contemplamos una faceta de los mismos, Casares deja entrever una historia detrás de ellos que justifica sus comportamientos y relaciones.

Siendo una obra culta, las referencias literarias son abundantes y, hay que admitirlo, oportunas. El conocimiento de Casares es amplio y elogiable; aunque cometa errores criticables en cuanto a la naturaleza de la materia, no es descartable que esta aparente falsedad sea intencionada y esté justificada hasta cierto punto. En cualquier caso, el argentino tiene la prudencia de no explicar demasiado acerca del asunto, esa revolucionaria invención de Morel, y que el lector rápidamente percibe relacionada con la ciencia más puntera de aquellos años: los desarrollos de la física cuántica, la esencia de la materia y su decaimiento, de la información y su transmisión.

Temática:

Desde las primeras páginas, Casares introduce el tema de la percepción, y la relaciona rápidamente con la inmortalidad a través del inmaterialismo. Dice el fugitivo que, si no se ha alcanzado al inmortalidad es debido a que se mantiene el atavismo de querer mantener una inmortalidad física (preservar el cuerpo). Entiende él, y luego también se comprueba que es la idea de Morel, que lo esencial es la supervivencia de la conciencia.

Y así, se deshace el camino hasta la percepción, al defender hasta cierto punto la idea de que ser es ser percibido (idealismo subjetivo). Cabe preguntarse, por lo tanto, si una grabación de un ser humano que preserve todas las características que son percibibles (imagen, sonido, olor, calor, solidez, etc) no albergará guardada la conciencia de ese ser.

Casares no se pronuncia taxativamente en favor o en contra de esta idea, aunque la deja planteada de forma explícita.

A un nivel menos filosófico, que tiene que ver más con la acción y comportamiento del personaje principal, pasajes importantes de la novela (aquellos que mantienen el impulso narrativo, de hecho) profundizan en la exploración de la soledad, la necesidad de vivir en sociedad, el amor como esta necesidad de vínculo…

Inspiraciones e influencias:

La invención de Morel, pese a su calidad técnica y estética, es una obra relativamente desconocida entre los aficionados de ciencia ficción, quizás por no estar englobada dentro de la corriente principal que impulsaba el género en aquella época, la ciencia ficción anglosajona. Publicada al principio de los años cuarenta, en plena guerra mundial y en Argentina, pasó desapercibida para este mainstream. No así para una corriente intelectual y culta interesada en la literatura hispanoamericana. El patrocinio de Borges, qué duda cabe, contribuyó a este interés.

Cabe mencionar las numerosas adaptaciones cinematográficas y teatrales, que han colaborado a fijar en el imaginario la temática de la obra y algunas de sus características. Tal es así que varios productos postmodernos como el cómic de La liga de los hombres extraordinarios (Alan Moore y Kevin O`Neill, 1999) o la serie de televisión Perdidos (J.J. Abrams, Jeffrey Lieber, Damon Lindelof, 2004) contienen referencias a la obra, demostrando que, a la larga, la novela sí que se ha hecho un hueco y ha influenciado a numerosos autores contemporáneos.

Por otra parte, tampoco se puede eludir las referencias que se rastrean en la novela, especialmente a otras obras de ciencia ficción que debieron inspirarlo o a las que, al menos, rindió homenaje. La primera y más ineludible es la novela de H.G. Wells, La isla del doctor Moreau (1896). Existe un paralelismo entre la estructura de ambas obras: el náufrago narrador, la isla apartada, el científico… Morel nos recuerda a Moreau. Y Casares parece reivindicar así la ciencia ficción, como un campo repleto de posibilidades para la literatura.

Premios:

Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires.