Saga de Ender

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Orson Scott Card

Originalmente El juego de Ender fue escrita como relato corto. Sin embargo, Card decidió ampliar el texto original dando lugar a la novela que sería su mayor éxito y el comienzo de la más importante de sus sagas.

La novela es mucho más profunda. Trata el personaje de Ender de forma más compleja y se adentra en los posibilidades de comunicación con otras razas.

El final de la guerra es la aniquilación de la raza hostil a la Tierra gracias a la dirección de Ender, momentaneamente considerado un héroe y que años después, en La voz de los muertos, será despreciado por haber provocado un genocidio. Ender, valiéndose de viajes a velocidades cercanas a la de la luz, consigue alargar su vida y viaja "de incognito" a lo largo de las generaciones y el espacio encontrándose con distintas formas de vida e inteligencia.

Se puede considerar, por tanto, que la saga tiene dos líneas que la estructuran.

Por una parte, el caracter mesianico de Ender, su alzamiento (El juego de Ender), caida en desgracia (La voz de los muertos) y segundo alzamiento (Ender el Xenocida). Card se regodea en el sufrimiento psicológico del protagonista, empujado a actuar contra su voluntad en la primera entrega de la saga y vilipendiado e imcomprendido en la segunda. Finalmente, Ender será de alguna manera rehabilitado en la entrega que cierra la trilogía, un libro mucho más flojo que los anteriores.

La segunda idea que vertebra estos libros es la relación que el ser humano va estableciendo con otra razas. Afronta Card el problema de la comunicación de una manera eminentemente antropomórfica. Es decir, alienígenas y nuevas inteligencias poseen una psicología anormalmente similar a la humana y si el diálogo fracasa es debido a meras divergencias culturales.

En estre sentido, la saga de Ender no es una buena elucubración científica, pero sí puede ser tomada como una metáfora de las relaciones interculturales entre los propios seres humanos, a la manera que hicieran en el pasado películas como La guerra de los mundos.

Orson Scott Card está lleno de buenas intenciones y parece querernos decir que es posible solventar cualquier diferencia mediante el diálogo. Los insectores de Card, aunque formalmente se parecen a las chinches de Brigadas del espacio, no tienen nada que ver estas. Heinlein, al igual que Stanislaw Lem (Solaris) parece ser más bien de la opinion de que, de encontrarnos con inteligencias no humanas, estas serán tan diferentes a nosotros, no sólo en cultura sino en el mismo concepto de humanidad, que dificilmente podremos llegar a dialogar.

Ojalá fuera esto cierto para las simples diferencias interculturales, pero parece definitivamente mucho más difícil en el caso del contacto de alienígenas.

La trilogía (que quizás debería haber quedado en una simple pareja de libros) fue proseguida y esperemos que epilogada con el cuarto libro, Hijos de la mente, ambientado en el momento en que la raza humana supera la barrera de propagación de la galaxia.

Este ha sido también el "en principio" final de otras sagas míticas, como Fundación o Dune; lo que puede ser una muestra más de la incapacidad de improvisación de Orson Scott Card, pero de sus buenas aptitudes para re-escribir lo imaginado por otros.

Saga de Ender

Libros: El juego de Ender
Desarrollo del relato homónimo
La voz de los muertos Ender el Xenocida Hijos de la mente
Personajes:
Conceptos: