Bomba de antimateria

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Cuando una partícula de materia se encuentra con su correspondiente homóloga de antimateria, se aniquilan mutuamente y liberan inmensas cantidades de energía. Éste es el fundamento del motor de antimateria y puede también ser utilizado para la confección de un dispositivo destructor.

La idea básica del mecanismo no difiere sustancialmente del utilizado en la confección de una bomba atómica: se debe mantener la antimateria aislada de cualquier tipo de materia, normalmente dentro de un contenedor electromagnético. Si en la bomba nuclear una detonación permite alcanzar repentinamente la masa crítica que de inicio a la reacción, en la bomba de antimateria sería suficiente con desactivar el aislamiento, con lo cual se iniciaría inmediatamente la aniquilación, una reacción mil veces más energética que la proporcionada por la misma cantidad de masa en la fusión atómica.

La aniquilación perfecta de medio gramo de antimateria con medio gramo de materia liberaría una energía de 21,4 kilotones de TNT, prácticamente la misma energía que la liberada por la bomba que destruyó Hiroshima.

Ventajas de la bomba de antimateria:

Las ventajas tácticas que ofrece el uso de antimateria como material para la fabricación de una bomba son numerosas.

En primer lugar, una cantidad mil veces inferior de antimateria produce el mismo resultado que una explosión atómica convencional. En teoría esto abre la posibilidad de bombas mucho más pequeñas, incluso portátiles, casi personales, que cabrían en una mano. Un soldado o un dispositivo robótico de tamaño reducido podría portar una bomba de este tipo y hacerla detonar en el objetivo, siendo muy difícil su detección.

El problema para la reducción de su tamaño recaería exclusivamente en el dispositivo generador del campo electromagnético capaz de aislar a la altamente reactiva antimateria.

En el supuesto de un bombardeo convencional, mediante misiles balísticos, por ejemplo, la antimateria también tendría notables ventajas sobre las armas atómicas, al no dejar residuos radiactivos. La destrucción del objetivo podría ser total sin por ello hacer inhabitable la región, manteniendo gran parte de su potencial económico.

Hay que tener en cuanta que tampoco se renunciaría a los atractivos efectos electromagnéticos de una explosión tan energética, e incluso estos podrían ser mayores que los producidos por las bombas atómicas, dando paso a una nueva generación de super bombas de Arco Iris.

Bombas de antimateria en la realidad:

El uso de la antimateria con fines bélicos se viene estudiando desde 1930 y alcanzó gran desarrollo a nivel teórico durante la guerra fría.

Sin embargo, las armas de antimateria distan aún mucho de ser una realidad, debido entre otras causas al elevado precio que supone la creación de antimateria por los medios actuales.

Aunque las antipartículas se crean constantemente en las colisiones de partículas de alta energía (como por ejemplo con los rayos cósmicos), desarrollar procedimientos que aprovechen esta fuente natural de antimateria parece complicado. Así pues, no habría otra opción que fabricarla en los modernos aceleradores de partículas.

El precio de la cien billonésima parte de un gramo de positrones sería de 6 billones de dólares, según un cálculo realizado por científicos de la NASA, quienes estudian la producción de la misma con el objetivo de utilizarlo en los futuros viajes espaciales como combustible.

El almacenamiento de la antimateria tampoco es sencillo, la trampa electromagnética que retiene aislados a los positrones no es totalmente efectiva y estos terminan escapando del contenedor. Cargas iguales se repelen entre sí, así que no es posible poner una gran cantidad de antiprotones juntos porque las fuerzas de repulsión entre ellos pronto se vuelven demasiado fuertes para los campos que los retiene.

Por ello se investiga una forma de almacenamiento de positrones de forma estable, llamada positronium y que consiste en un electrón y un positrón orbitando uno alrededor del otro. Normalmente estas dos partículas se aniquilarían en una fracción de segundo, pero manipulando los campos eléctromagnéticos en su proximidad se puede conseguir que los átomos de positronium duren mucho más tiempo.

Pero aún haciendo la inversión económica necesaria y pudiendo almacenar los antiprotones, la técnica actual de producción simplemente no permite la obtención de una cantidad relevante de antimateria útil. Científicos del CERN aclaran que su ritmo de producción es del orden de 107 antiprotones por segundo y son necesarios 6x1023 para crear un gramo de antihidrógeno. Haciendo cálculos, resulta que se tardarían dos mil millones años en conseguirlo.

Bombas de antimateria en la ciencia ficción:

En la película Star Trek III: En busca de Spock, la nave espacial USS Enterprise (NCC-1701) es autodestruida en las escenas finales para evitar que caiga en manos de los klingon. El mecanismo utilizado es la detonación de su reactor de antimateria, si bien hay que señalar que la explosión resultante no parece muy energética.

En la novela de Dan Brown, Ángeles y Demonios, un Illuminatus roba un cuarto de gramo de antimateria del CERN para usarla como bomba en el Vaticano. La novela contiene muchas "licencias artísticas". Tal y como se ha explicado, el CERN es actualmente incapaz de producir tal cantidad de antimateria, nadie será capaz de producirla en mucho tiempo (y hablamos de muchas muchas décadas). De hecho, producir los 25 gramos de antimateria requerirían hoy en día unos 5x108 años, es decir, 500 millones de años. El CERN tampoco tiene ningún interés en almacenar tales cantidades de antimateria, aparte de que tampoco podría almacenarlas si quisiera.


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