El espíritu de la ciencia-ficción

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El espíritu de la ciencia-ficción
Autor: Roberto Bolaño
Otros títulos:
Datos de primera publicación(1):
Título original: El espíritu de la ciencia-ficción
Revista o libro: El espíritu de la ciencia-ficción
Editorial: Alfaguara
Fecha Fecha desconocida de 2016 (1984)
Publicación en español:
Publicaciones(2): El espíritu de la ciencia-ficción
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos:
Otros datos:
Fuente externa: [ Ficha] en [ ]
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Roberto Bolaño (2016 (1984))

El espíritu de la ciencia-ficción es un novela relativamente corta del autor chileno Roberto Bolaño, publicada de manera póstuma en 2016, aunque fue escrita en torno a 1984.

La trama:

Jan y Remo son dos jóvenes poetas chilenos que han huido de la dictadura, y viven en una buhardilla en México en los años setenta. Remo busca trabajo como corrector e investiga los talleres literarios que parecen multiplicarse por la ciudad, como si fueran el presagio de algo diferente, “el Huracán”, la revolución. Por su parte, Jan (alias Roberto Bolaño), apenas sale de la buhardilla; se dedica a leer compulsivamente y escribir extrañas cartas a sus autores de ciencia ficción favoritos.

Existe un tercer bloque narrativo que se intercala con los otros dos, la entrevista de una periodista a un joven ganador de un premio literario, durante la cual va resumiendo la trama de su novela: la existencia de una Universidad Desconocida y sus misteriosas acciones, grabando las múltiples encarnaciones de Boris durante la campaña rusa del general Guderian durante la Segunda Guerra Mundial.

La novela:

Para los conocedores de la obra de Bolaño, esta obra está repleta de formas, intereses y personajes muy reconocibles, y se pueden trazar paralelismos con otras obras que sí publicaría en vida, especialmente con Los detectives suicidas. Sin embargo, aunque no se le puede reprochar nada estilísticamente e incluso posee muchos pasajes brillantes, lo cierto es que parece una obra inacabada, en la que faltan aún grandes áreas por ser desarrolladas, así como un objetivo hacia el que dirigirse.

La obra, no obstante, es especialmente interesante por su relación con la ciencia ficción, que aparece como parte de la cultura popular, pero que también parece permear ese apartado metaliterario, el argumento de la novela ganadora del premio.

Jan, trasunto del autor, escribe cartas a sus escritores de ciencia ficción favoritos en las que, lejos de restringirse a terrenos literarios, insiste en pedir a estos autores que pasen a una acción política, solicitando al gobierno de Estados Unidos que deje de interferir en la política sudamericana. Las pretensiones de Jan son casi naïve, cándidas, románticas, muy influidas por su propia y desoladora experiencia; pero permiten descubrir en el propio Bolaño a un auténtico devorador de literatura de género, conocedor de sus temas, estilos y autores. Existen cartas dirigidas a Alice Sheldon, Forrest J. Ackerman, Robert Silverberg, Fritz Leiber, Ursula K. Le Guin o Philip J. Farmer, a quienes interroga sobre sus intenciones y anima a hacer algo en favor de sudamérica. También queda mencionado un enigmático James Hauer, según Jan, el creador del comité de escritores de ciencia ficción norteamericanos en apoyo a países del Tercer Mundo. Es algo habitual en la literatura de Bolaño mezclar innumerables referencias, cultas y populares, con otras totalmente inventadas, al estilo de Borges o Lem, autores, que, curiosamente, no menciona.

Bolaño forma parte de una vanguardia de escritores posmodernos, haciendo escuela con Pynchon o David Foster Wallace, que reconocen en la ciencia ficción un elemento popular que debe ser incluido en la recreación de escenarios realistas, al tiempo que valoran sus posibilidades retóricas para abordar temas desde perspectivas ocultas a la literatura convencional. Por eso, su inclusión de referencias no se limita a las cartas, sino que en todas las conversaciones que tienen Jan y Remo, hablando de sueños en los que se personifican Thea von Harbou o Alexander Beliaev, hablando de novelas leídas de Gene Wolfe, o reclamando una revolución sexual que debería comenzar con una antología de relatos que incluyera a Joanna Russ y Anne McCaffrey.

Evidentemente, Bolaño no estaba interesado en hacer una literatura puramente de género, pero esta obra nos hace ver que la conocía y la apreciaba, casi como a esos fanzines literarios que protagonizan la otra parte de la novela, vertederos de poemas y relatos olvidados, experimentos transgresores que los jóvenes desposeídos de su generación tomaron como campo de batalla para expresar lo que no podían expresar en ninguna otra parte. Una corriente de una subcultura vital y un poco maldita, pero que amaba entrañablemente.