La última pregunta

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La última pregunta
Autor: Isaac Asimov
Otros títulos:
Datos de primera publicación(1):
Título original: The Last Question
Revista o libro: Science Fiction Quarterly
Editorial: Columbia Publications, Inc.
Fecha Noviembre de 1956
Publicación en español:
Publicaciones(2): Nueve futuros
Otros datos:
Saga: Multivac
Premios obtenidos:
Otros datos: Ficha en ISFDB
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Isaac Asimov (1956)

Se trata de uno de los relatos más conocidos de Asimov, y también uno de los que más satisfecho le dejó.

Un título realmente sugerente y uno de los relatos más escatológicos (en realidad, teleológico) de Asimov. ¿Cuál es la última pregunta que se hará el hombre, la última que quede aún sin responder cuando todo el conocimiento posible haya sido ya adquirido? Para Asimov, esta cuestión definitiva es si la entropía puede ser disminuida en el universo.

El desorden aumenta:

La entropía, el desorden en el universo, siempre aumenta. Esta es una ley indiscutible en física, mucho más fundamental que, por ejemplo, la irrebasabilidad de la velocidad de la luz. La energía tiende a adquirir cada vez formas más desordenadas, lo que plantea el ineludible final de la raza humana cuando todas las fuentes útiles de energía hayan desaparecido, convertidas en un calor difuso cada vez más tenue en el inmenso vacío espacial.

Así, un 21 de mayo de 2061, dos técnicos, medio en broma medio en serio, plantean esta pregunta a Multivac. Una semana antes, el ser humano ha conseguido por fin desprenderse del yugo de los combustibles como el petróleo, el carbón o el uranio, materias primas muy limitadas y que restringían el crecimiento de la raza humana. Multivac ha creado la primera central solar en órbita en torno a la Tierra, la humanidad parece que ya no tendrá jamás restricciones energéticas, nutriéndose directamente del inagotable Sol. Pero en realidad el Sol no es inagotable, ni mucho menos. ¿Cuánto tiempo nos seguirá alumbrando? ¿20.000 años tal vez? ¿Y después?

A partir de esta primera escena, Asimov va trasladando la pregunta cada vez más hacia el futuro, hasta el mismo final del universo. En el transcurso comprobamos que la humanidad se ha expandido por la galaxia, y luego a otras galaxias, hasta llenar el universo. Paralelamente, ha ido evolucionando tecnológicamente, lo que también ha cambiado su propio cuerpo. Ha alcanzado la inmortalidad, ha conquistado el hiperespacio, finalmente, ha dejado a un lado las limitaciones físicas, disociando mente y cuerpo, se ha fundido en una sola mente y cuando el final ya parece inminente, se ha fusionado también con el propio Multivac (o su lejano sucesor). Y aún así, la pregunta no ha sido respondida. Los soles han desaparecido, en el universo ya no queda ni polvo estelar, sólo un tenue calor que cada vez se aproxima más al cero absoluto.

Pero la entidad Multivac-Hombre sigue trabajando en la respuesta, hasta que da con ella. Siendo como es una mente extremadamente ordenada, planifica cuidadosamente cómo revertirá la entropía. Y dice: "Hágase la luz."

Teleología y ciencia:

Asimov no era un hombre especialmente religioso, aunque jugara con estos conceptos en muchos de sus relatos, lo que arroja no poca luz sobre el tema del relato, al reeditar racionalmente el papel de dios creador.

Pero no debe confundirse este simpático relato con un sólido argumento a favor de que la figura de un creador resulta superflua. Si bien Multivac se puede tal vez convertir en el creador de un nuevo universo, queda bien patente que la propia entidad es resultado de múltiples causas anteriores. Es decir, Multivac puede explicar todo lo posterior a él, pero no lo anterior.

En realidad, este avatar imaginado por el buen doctor se parece más al demiurgo griego, que teniendo a su alcance la materia y la energía, la moldeó para conformar el mundo.

Una vez más, el debate sobre la existencia o no de un Dios creador queda restringido (como siempre) al terreno de las creencias personales.

Otros temas:

Pero a parte de ser un ameno recorrido por la probable evolución del universo hasta su muerte térmica, el relato toca transversalmente otros temas interesantes, como la consecución de una singularidad tecnológica (varias, en realidad) que lleva a grandes cambios en el concepto de humanidad. Así, la humanidad va pasando por diversas fases evolutivas que le lleva finalmente a prescindir del propio cuerpo.

El progreso tecnológico también queda patente en el propio Multivac. Originalmente, Asimov imaginó un gigantesco ordenador construido con válvulas de vacío. De ahí la terminación AC de su nombre (Analog Computer, ordenador analógico). Obviamente, el buen doctor no pudo prever la furiosa irrupción de lo digital en el mercado computacional. Pero nos engañamos si pensamos que no supo vislumbrar que las válvulas de vacío se quedarían obsoletas. En un primer salto tecnológico, Asimov nos presenta nada menos que un ordenador molecular (moléculas diseñadas para funcionar como válvulas de vacío) y tiempo después llega incluso a plantear un ordenador cuántico, cuyas operaciones computacionales se llevan a cabo mediante flujos de mesones.

Curiosamente, la electrónica digital actual y la analógica asimoviana quizás converjan en un futuro.

Adaptaciones:

La historia fue adaptada para ser contada en el planetario de Abrams de la Universidad Estatal de Michigan en 1966, con la voz de Leonard Nimoy. En 1969 también fue adaptada para el planetario de Rochester, Nueva York.