Pasándolo de maravilla

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Pasándolo de maravilla
Autor: J.G. Ballard
Otros títulos: Días maravillosos
Datos de primera publicación(1):
Título original: Having a Wonderful Time
Revista o libro: Bananas (revista)
Editorial: Emma Tennant
Fecha de 1978
Publicación en español:
Publicaciones(2): Mitos del futuro próximo
Cuentos completos
Otros datos:
Saga:  
Premios obtenidos:
Otros datos: Ficha en ISFDB
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

J.G. Ballard (1978)

Pasándolo de maravilla es un relato de ciencia ficción publicado por primera vez en la revista literaria Bananas, afín a New Worlds.

Sinopsis:

El relato consiste en once postales enviadas por una mujer, Diana, que ha viajada con su familia de vacaciones a un nuevo y moderno complejo turístico en las islas Canarias.

Las primeras postales, enviadas a razón de una por semana, dan cuenta del maravilloso tiempo que están teniendo en el resort y lo bien que se lo pasan allí, sin necesidad y sin tiempo para salir de las instalaciones ni visitar el resto de la isla.

Sin embargo, la cuarta postal informa de que debido a un problema en el aeropuerto, su vuelo de regreso a Inglaterra ha sido cancelado y el hotel del ha ofrecido, muy amablemente, a acogerles hasta que todo se resuelva, con crédito ilimitado. pronto descubrimos que esta situación es, en realidad, generalizada: miles de turistas están pasando por los mismas dificultades para regresar.

Las postales se irán espaciando en el tiempo, a medid que Diana parece cada vez más ocupada en sus pasatiempos, cada vez menos interesada en volver, inmersa en una interminables vacaciones repletas de actividad.

El relato:

Este pequeño cuento de Ballard resulta una propuesta difícil de catalogar por su ambigüedad. Ballard se mantiene exquisitamente distante gracias al recurso de la narración a través de las postales. Los relatos epistolares han sido siempre algo común, casi un recurso arcaico que se encuentra en la misma raíz de la literatura de ciencia ficción (recordemos que Frankenstein es una novela epistolar). Sin embargo, el relato de Ballard poco tiene que ver con aquellas cartas apasionadas, propias del romanticismo. En realidad, las postales de Diana son mundanamente atonales, como casi todas las postales; apenas unas líneas que informan de manera convencional de lo bien que se lo pasa, algún detalle irrelevante de su actividad y una pequeña perla de información sobre lo que puede esperarse.

Como elemento literario, la postal, salvo raros talentos, no es el mejor vehículo expresivo; y Ballard es perfectamente consciente de estas características, que le permiten crear una crónica de apariencia imparcial, al tiempo que nos transfiere una cierta sensación de superficialidad.

Así, el lector queda dividido entre dos pensamientos: Desde el punto de vista de Diana, la narradora, nos encontramos ante una especie de utopía, un verdadero "renacimiento" según sus propias palabras, en el que países avanzados como Francia, Inglaterra o Alemania, se deshacen de un excedente de ciudadanos enviándoles a unas vacaciones perpetuas en un edén y aportándoles continuo entretenimiento y oferta cultural.

Por otra parte, encontramos al marido de Diana, Richard, empeñado en volver a Londres, que trata de organizar un movimiento de resistencia ante estas vacaciones impuestas, y que fracasa, olvidado incluso por su propia esposa.

¿Es real la utopía o es sólo un espejismo, una manera de adormecer a la masa que, de otro modo podría ser problemática? ¿Hay un verdadero renacimiento cultural o es mera apariencia? ¿Es Richard un inadaptado obsesionado con su propia significancia o es un mártir, el último depositario de la libertad individual que está a punto de desaparecer?

Por supuesto, el relato se inspira en los auténticos resorts que Ballard conocía bien, autárticos, guetos de turistas que no tienen verdadero deseo de conocer la cultura a la que viajan y a los que durante dos o tres semanas se les entretiene con una colección de actividades de apariencia enriquecedora. En este sentido, el relato es una sátira de este modelo vacacional. Pero, al mismo tiempo, es capaz de poner sobre la mesa un problema que cada vez parece más cercano a medida que los trabajos productivos van siendo automatizados al tiempo que la población crece gracias a las mejoras sociales y sanitarias. ¿Qué haremos con esta población para la que no tenemos empleo?