Apocalipsis ecológico

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‌‌‌Un apocalipsis ecológico o climático es un caso particular de escenario apocalíptico, en concreto, aquel en el que la civilización ha sucumbido debido a algún tipo de desastre que ha vuelto el medio ambiente extremadamente hostil, reduciendo de forma drástica los recursos disponibles o, incluso, haciendo inhabitable la superficie del planeta.

Las formas que puede adoptar este escenario son múltiples: una sociedad que trata de sobrevivir en campos desérticos y sobreexplotados, tierras y ciudades inundadas por el derretimientos de los polos debido a un calentamiento global, el retorno de una era glacial... Del mismo modo, las causas pueden ser naturales (aumento de la radiación solar, alteración de la órbita terrestre...) o humanas (contaminación, sobre-explotación de los recursos...)

Sin embargo, independiente de la causa o forma adoptada, el escenario planteado tiene su origen en un colapso del equilibrio ecológico, bien por destrucción de los ecosistemas o bien por alteraciones graves del clima. ‌‌‌‌‌‌

El nacimiento de la conciencia ecológica:

Si durante las décadas de los '50 y '60 el panorama presentado por la guerra fría dominó las preocupaciones de la sociedad, dejando su marca evidente en las obras de ficción producidas en esa época, el inicio de la década de 1970 marcó el despertar de la conciencia ecológica en Norteamérica.

Ya durante la segunda mitad de los '60 se publicaron diversas obras divulgativas que alertaban contra el excesivo uso de pesticidas o el esquilme de los recursos humanos, preocupaciones que no tardaron en encontrar eco en la literatura de ciencia ficción.

Así pues, el interés por este tipo de escenarios surge durante la nueva ola (y en buena parte la conforma) y va haciéndose mayor con el auge de la preocupación por la ecología a lo largo de la siguiente década. Con la política internacional estabilizada en dos bloques enfrentados, el riesgo de una guerra nuclear se asume como algo cotidiano (hasta el punto en que algo así puede serlo) y empieza a apreciarse un peligro nuevo y, quizá, más inmediato: el crecimiento exponencial de la población y la depredación cada vez más voraz de los recursos del planeta.

Tipos de desastres ecológicos:

Aunque un auténtico desastre ecológico suele quedar constituido por diversos efectos adversos que se suman, se pueden categorizar los principales tipos de desastres en función del efecto preponderante.

Aumento de la radiación solar:

Especialmente en la década de los '80, la concienciación ante el problema de la desaparición de la capa de ozono inspiró muchas obras apocalípticas cuya principal característica era el aumento de la radiación solar, con sus efectos inmediatos (quemaduras de piel, aumento de la incidencia de cáncer...) y diferidos (desertización, derretimiento de los hielos polares...).

En estos escenarios, normalmente, el hombre se ha protegido del agresivo exterior bien abandonando la superficie para construir nuevas ciudades subterráneas, bien creando burbujas protectoras, como la red láser que podemos apreciar en Los inmortales 2 (1991).

En cierta forma, esta desertización inspiró otras obras no apocalípticas, como Dune (1965, de marcado carácter ecológico) y aún se deja notar en nuestros días, como en el relato La sombra del mundo muerto (Diana Muñiz Pérez, 2011).

Aumento del nivel de las aguas:

Producido por el efecto invernadero descontrolado o por el aumento de la radiación solar, la inundación de la tierra firme por los océanos crecidos gracias al deshielo es una imagen espectacular que proporciona un escenario impactante.

Por ejemplo, J.G. Ballard imagina en El mundo sumergido (1962) que el incremento de actividad solar derrite los casquetes polares. Aparte de la consabida inundación, se plantean otros cambios climáticos: fauna y flora tropical irrumpe en las ciudades abandonadas y la humanidad emigra hacia los polos, de clima más benigno.

Waterworld (Kevin Reynolds, 1995) va más allá. Cayendo en el gazapo científico, se nos plantea que toda la superficie del planeta está cubierta de agua y la tierra firme es una leyenda. Los restos de la humanidad sobrevive a bordo de grandes barcos o antiguas plataformas petrolíferas en un escenario típico que simplemente sustituye las secas arenas del desierto de Mad Max, salvajes de autopista (George Miller, 1979) por la refrescante novedad acuosa.

Glaciación:

La aparición cíclica de periodos glaciales en el planeta es un hecho científico y no se deja de especular acerca de la proximidad de la siguiente era glaciar.

Los factores que desencadenan estos periodos fríos son diversos, desde variaciones en la atmósfera terrestre, el vulcanismo e incluso variaciones cíclicas de la órbita de la Tierra en torno al Sol.

Siendo algo inevitable, muchos autores han elucubrado con la anticipación de este escenario.

En El día después de mañana (2004), de manera poco realista, nos presenta la llegada del hielo de manera instantánea. Pero lo habitual es que los autores nos trasladen directamente a un futuro en el que el cambio se ha consumado paulatinamente, la sociedad actual ha desaparecido y ha dado paso a otra más precaria.

Modificaciones del movimiento de la Tierra:

Aunque parezca asombroso, no pocas obras se han dedicado a elucubrar por la suerte del hombre si algunas de las características del movimiento terrestre fuera modificada. El clima en la Tierra depende en gran medida de su periodo de rotación y de su inclinación axial. El preciso ángulo de este último determina la sucesión de las estaciones

Por ejemplo, en El día en que la Tierra se incendió (1961), debido a las pruebas atómicas el eje de la Tierra sufre una variación y el clima se altera radicalmente, generando multitud de desastres naturales derivados de la adaptación a los nuevos equilibrios.

En Invernáculo (1962) de Brian W. Aldiss, debido al fenómeno de marea del Sol, el planeta ha sincronizado su rotación con el periodo de traslación, de forma que el Sol mantiene una posición fija en el cielo. Esto ha dado lugar a un crecimiento exagerado de las plantas, que son quienes dominan el planeta.

Superpoblación:

La ciencia ficción fue especialmente proactiva en la denuncia de este riesgo, que aún hoy en día algunos sectores de la sociedad no terminan de entender.

The Population Bomb (Paul R. Ehrlich, 1968) es considerada la obra clave de divulgación que despertó la conciencia ante este problema. Sin embargo, dos años antes, Harry Harrison ya había escrito su obra maestra ¡Hagan sitio, hagan sitio! (1966), una asfixiante distopía en la que se muestra claramente los peligros de una demografía incontrolada. El escenario creado por Harrison no es aún apocalíptico, la sociedad se mantiene, hambrienta y empobrecida hasta un punto que hoy consideraríamos tercermundista; pero los estamentos oficiales se tambalean y se empieza a hablar de canibalismo. El fin está cerca.

Otras obras siguen al estela de ésta, como Todos sobre Zanzíbar (John Brunner, 1968) o incluso La Luna es una cruel amante (Robert A. Heinlein, 1966). Curiosamente, esta última -ambientada en la Luna- se desarrolla en una sociedad con un draconiano control de la natalidad impuesto tras sufrir la devastación de la sobrepoblación en un ambiente de recursos limitados.

Quizás debido a la adopción de cierto comedimiento en las políticas de natalidad de países como Estados Unidos o China, no se ha vuelto a hablar de cataclismo demográfico como entonces, y las moderna obras de ficción que abordan ese tema lo hacen con una visión deprimente y distópica, poniendo de manifiesto la pérdida de nivel de vida que representa el fin de los recursos naturales, pero sin avanzar en este deterioro.

Escenarios apocalípticos
Nuclear Biológico Ecológico Por desastres cósmicos Guerra apocalíptica




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Tercera Fundación

‌‌‌‌‌‌‌‌‌Índice en Tercera Fundación de obras relacionadas con Apocalipsis ecológico.